Quiénes somos


La Asociación de Amigos del Museo de América, ADAMA, es una asociación de utilidad pública orientada a promover, estimular y apoyar todas las acciones que conduzcan a un mejor conocimiento del Museo de América y de las culturas americanas. En colaboración estrecha con el Museo de América, ADAMA colabora en la creación y difusión de las actividades del Museo.
 
Organiza y desarrolla cursos, seminarios, conferencias, congresos, mesas redondas, debates y otras actividades, formativas y culturales relacionadas con América con el fin de promover, estimular y apoyar todas las acciones que conduzcan a un mejor conocimiento del Museo de América y de las culturas americanas.

También promueve y realiza estudios e investigaciones relacionados con los fondos del Museo, además de colaborar, editar y distribuir material documental de apoyo dirigido, tanto a grupos de escolares como a otros colectivos sociales, para una mejor comprensión de la exposición permanente del Museo y de las exposiciones temporales que habitualmente se exhiben en su sede.

Una Pieza del Museo


Noviembre sabe a México y aquí en el Museo sabemos una cosa o dos acerca de la historia de este impresionante país latinoamericano. Contamos con varias piezas presentando tanto la época precolombina como colonial del país. En cuanto a esta última, destaca el cuadro Conquista de México; Recibimiento de Moctezuma. Continuad leyendo y averiguaréis más sobre esta espectacular pieza

El tema desarrollado en este cuadro, que forma parte de un conjunto de 24 tablas realizadas con la técnica del enconchado, representa la comitiva formada por el emperador Moctezuma y sus nobles, organizada para ir al encuentro de Hernán Cortés y recibirle a su entrada en la ciudad de México-Tenochtitlán, la capital azteca.

Este pasaje de la Conquista de México fue narrado por numerosos cronistas, que sirvieron de inspiración a los autores de varias series pictóricas, en las que las imágenes describían los acontecimientos más significativos de la historia.

La serie está firmada en 1698 por dos pintores residentes en la ciudad de México, la capital del Virreinato de la Nueva España: Juan y Miguel González, los artistas más afamados en la realización de enconchados. Todo el conjunto fue un encargo destinado al rey Carlos II y desde principios del siglo XVIII entró a formar parte de las colecciones reales.

En los cuadros enconchados se combina la capa pictórica con fragmentos de nácar dispuestos sobre una preparación de yeso que se aplica a un soporte de madera frecuentemente revestido de lienzo. La producción de este tipo de obras se localiza en México entre la mitad del siglo XVII y del siglo XVIII.

¡Venid a visitarlo en el Museo de América!












Autor: González, Miguel y González, Juan 
1698
Contexto Cultural/Estilo: Virreinato de Nueva España  
Escuela mexicana
Procedencia México (América del Norte)
Tabla / Lienzo /Pintura al óleo / Nácar
Enconchado
Dimensiones Altura = 97 cm; Anchura = 53 cm
Nº Inventario: MAM 00110

"Blas de Lezo, el valor de Mediohombre" en el Museo Naval


Este jueves, 14 de noviembre a las 12.30, llevaremos a nuestros socios a la exposición “Blas de Lezo, el valor de Mediohombre” en el Museo Naval. 

La muestra recupera la memoria del teniente general de la Armada, conocido por encabezar en 1741 la defensa de Cartagena de Indias con solo seis navíos de guerra frente a la flota inglesa del almirante Vernon, ocho veces superior. El control de la plaza colombiana, considerada estratégicamente como la “llave de Indias” fue clave para mantener el dominio español en América. 

Cojo, tuerto y manco desde los 25 años por las heridas recibidas en combate —lo que le valió el apodo de Mediohombre—, Blas de Lezo es uno de los marinos más importantes de la historia naval española. Invicto en toda su carrera militar, murió poco después de la defensa de Cartagena sin el reconocimiento merecido, denostado por el rey Felipe V, y fue enterrado en una tumba de emplazamiento desconocido. La Armada honra su memoria con el nombre de un buque, en la actualidad, la fragata F-103.

Estructurada en siete módulos, la exposición se adentra en la figura del teniente general de la Armada enmarcando su trayectoria en el contexto de la primera mitad del siglo XVIII: la llegada de la monarquía borbónica, la guerra de Sucesión y las consecuencias del Tratado de Utrecht —del que se cumplen ahora 300 años—, la defensa de los territorios ultramarinos y el fortalecimiento de la construcción naval española.

La muestra reúne 80 piezas procedentes del Patrimonio de la Armada, de 10 museos, archivos e instituciones españolas, además de un museo colombiano y dos colecciones particulares. Se exponen en España por primera vez dos retratos de gran valor iconográfico: el de Sebastián de Eslava, perteneciente al Museo de Arte Colonial de Bogotá, y el del propio Blas de Lezo, de la colección particular de la Condesa de Revilla-Gigedo. 

El discurso expositivo se completa con gráficas, mapas explicativos y un audiovisual, proyectado en diversos puntos del recorrido, que muestra por primera vez la arquitectura militar de Cartagena de Indias con la orografía y la flora existente en su bahía en el siglo XVIII, elementos clave para comprender el desenlace del combate. Más de dos años de trabajo han permitido reconstruir virtualmente sus alrededores y las fortalezas, fuertes, baterías costeras y castillos que convirtieron a la ciudad en un modelo de ingeniería militar.


Imagen: Museo Naval


‘Los Ovidados’, obra de Luis Buñuel.

El cine Mexicano tiene una presencia fuerte en el mundo hispanohablante. La industria cinematográfica en México se considera una de las más potentes en latinoamérica. Por eso, conocemos todos sus telenovelas y destacan también internacionalmente películas como Agua para chocolate y Amores perros. En pleno fin de semana, queremos dejaros aquí una recomendación de otro clásico del cine mexicano, Los Olvidados (1950) y ponerlo en el contexto de la época de oro de este país americano tan rico culturalmente.

Durante la segunda guerra mundial, los países en Europa y los Estados Unidos estabn más preocupados con la guerra. Las industrias cinematográficas de estos países que estaban rodando películas, las hacía por mandato del Estado de producir cine de propaganda apoyando los fines bélicos. En este ámbito el cine Mexicano encontró el hueco dejado por las grandes potencias para manifestarse como el poder cinematográfico más importante de Latinoamérica y embarcarse en una época de oro que se extiende hasta año 1969, año en que se considera que el cine mexicano alcanza su cénit.

En este contexto se rueda Los Olvidados. La película asume la tarea de arrojar luz sobre lo que le pasa a la gente del otro lado del país: los pobres, desesperados, marginados y olvidados. Así se conoce al protagonista, el adolescente Jaibo, en un barrio marginal de Ciudad de México. Jaibo y sus amigos de la banda son los olvidados, abandonados no sólo de la sociedad sino también de sus cercanos. Faltando afección y rodeados de desconfianza, se encuentran solos luchando por la supervivencia diaria en las calles. Aunque los chicos se juntan en una banda, en momentos de crisis prima el “sálvese quien pueda”. El Director, nada menos que Luis Buñuel, marcó con esta potente obra su presencia en la escena mexicana.   

Hoy en día Los olvidados (1950) es considerada una de las mejores películas del cine mexicano, pero en su tiempo su recepción fue otra. Al público mexicano no le sentó bien el tema de la película y su enfoque en los problemas sociales del país. La gente lo consideraba un insulto contra el país y después de ser proyectado en los cines durante sólo cuatro días, se retiró. Incluso, había voces dentro de los medios de comunicación que querían que Buñuel fuese deportado del país. Sin embargo, intelectuales como Octavio Paz, Marc Chagall y Jean Cocteau se manifestaron en apoyo de Buñuel y la película fue presentada al festival de cine de Cannes. Allí Buñuel consiguió el premio al mejor director. Tras el éxito internacional, se volvió a estrenar la película en los cines mexicanos y esta vez las salas se llenaron. La película se proyectó durante más de dos meses en los cines. En 2003, la película recibió la consideración de Memoria del Mundo de UNESCO y eso no es nada. Sólo se le ha dado esta consideración a dos otras películas en la historia.   

¡Echa un vistazo a esta obra maestra!



Imagen: Wikipedia

El mundo que no se acabó


Recordaréis que el 21 de diciembre del año pasado todo el mundo se volvió loco con la idea del calendario maya vaticinando el fin del mundo o un gran cambio en la humanidad. En conexión con el ciclo de actividades “Noviembre Sabe A México en el Museo de América”, queremos contaros un poco más sobre la cultura de este increíble pueblo precolombino y hemos decidido hacerlo recordando todo sobre lo que se habló de ellos a finales del año pasado.

Para empezar, hay que señalar que no eran los mayas los que dijeron que se acababa el mundo. Los mayas contemporáneos no sabían nada de ninguna profecía. De hecho, este calendario del que tanto se ha hablado cayó en desuso antes de la llegada de los españoles. Lo mayas, por aquel entonces, ya habían desarrollado otros métodos para clasificar el tiempo. Fueron académicos interesados en estudiar esta cultura precolombina los que descubrieron este sistema antiguo e interpretaron la cosmovisión maya a través de él. Vieron que el día 21 de diciembre de 2012 suponía un cambio significativo a la hora de contar el tiempo con ese antiguo sistema encontrado. Cada uno empezó a darle su explicación, tanto académicos como gente de movimientos new age que aplicaron su propia visión a este punto de inflexión maya.

Esto fue lo que hizo que corrieran ríos de tinta. Sin embargo, el día 21 de diciembre de 2012 es el último día del siglo anterior al que los mayas llamaron B’ak’tun. Dura 144.000 días, lo que viene a ser 394 años. Cifras bastante alejadas de lo que hoy en día entendemos por un siglo. Pero todavía hay más. Este siglo que acabó el pasado diciembre es el último siglo de un lapso de tiempo aún más grande que pertenece a la quinta y última capa del calendario “cuenta larga” y que se compone de 13 siglos.

En cualquier caso, lo más importante es recordar que estos largos períodos se enlazaban con lo siguientes y los anteriores infinitamente. Lo que quiere decir que para los mayas no había ni un principio ni un final. Es algo muy característico de esta cultura puesto que muchas otras creen en una creación y en un final del universo, aunque después cada una le dé su explicación.

Por lo tanto, como ya se pudo ver, ni hubo un final del mundo ni en trece B’ak’tunes se acabará el universo si seguimos la interpretación que los propios mayas dieron a su calendario. Pero, no por ello, debemos dejar de admirar la riqueza cultural de esta civilización que, teorías apocalípticas aparte, nunca para de sorprendernos.